Categoría: Psicología

Elimina la palabra No y contarás en cuento mejor. En la cultura japonesa, los cortes es evitar la palabra NO.  Un japonesa hace uso de perífrasis para expresar una negación. La elabora dando rodeos, con frases positivas que rehuye la acción de la negación.

Por ejemplo a la pregunta: ¿Podrías hacer de niñera esta noche con mis hijos?

Un japonés nunca respondería con una respuesta negativa. Hacerlo sería bastante descortés. Por lo que te responderá con frases amables para terminar diciendo con una sonrisa en los labios algo como por ejemplo: Esta noche tenemos una cena familiar en casa de mis padres.

La palabra NO, por su brevedad y sonoridad resulta tajante y castigadora. Al pronunciarlas no nos damos cuenta de bloqueo que nos puede provocar.

Si te resulta difícil contar un cuento, no te des por vencido con un simple: no tengo imaginación.

La imaginación consiste en ver imágenes en la mente. Todo el mundo tiene imaginación, es capaz de verse paseando por una playa del Caribe o viviendo en una mansión.

La imaginación es trasladar una imagen a otra realidad. Así que es posible que el problema no sea la falta de imaginación, sino la ausencia de motivación en esa historia.

En ese caso la solución es simple. Narra otro cuento con el que te sientas augusto.

Alicia una alumna de mi taller de cuentacuentos estaba desbordada por un montón de dudas. Interrumpía en cada ensayo del cuento con frases del tipo: no me acuerdo de lo que sigue, no sé contar, no valgo para hacer reír, no soy tan graciosa, mí voz no suena dulce.

Nadie sabe quién sufrirá más en un taller literario. Ella con sus inseguridades les hará sufrir de aquella forma

Un día llegó tarde al taller por culpa de una repentina tormenta que había provocado un atasco kilométrico en la carretera, ella se disculpó: Lo siento, no volverá a pasar.

Y antes de poder decir algo, Alicia se percató del erro y rectifico:

He llegado tarde porque me ha dado la gana y quería mojarme. Ese día contó el cuento mejor que nunca.

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Dentro del complejo mundo de las relaciones de pareja existen una serie de secretos femeninos que es mejor no confesar. Si él es un pésimo cocinero pero tiene alma de chef o si tú tienes sueños eróticos que prefieres no revelar, estos consejos son para ti. Te contamos por qué:

1. Su comida no te gusta

Llegas del trabajo por la noche, cansada y muerta del hambre, y tu pareja decide sorprenderte con una exquisita cena. Algo innovador y que no hayas probado nunca. Te sientas a la mesa complacida y pruebas el primer bocado.

¡Oh no! Sabe peor de lo que parece…. Por muy desagradable que parezca, y si no quieres que sea la primera y última vez que él cocine, sirve un vaso grande de agua y cómetelo todo sin decir una palabra distinta a ¡delicioso!. Al final, las mujeres tenemos nuestras tácticas para que con los días él se vuelva un maestro de la gastronomía.

2. También tienes sueños eróticos

Aunque ellos son los que abiertamente hablan entre hombres de las mujeres de sus sueños, de sus piernas, caderas y labios. Nosotras también soñamos con amigos, actores, deportistas, y estrellas famosas. Esos fogosos encuentros, casi de película, con tu top 5 de hombres buenos… ¡No se los cuentes!, son un secreto de tumba.

3. Te gusta arreglar la casa

Aunque te quejes constantemente porque odias tener que arreglar la casa, lo cierto es que disfrutas el poder hacerlo. Tener las cosas en el orden que te gusta y sentir que el ambiente se respira a limpio, es un pequeño placer que sentimos las mujeres que no tenemos porqué confesarles.

4. Nada como salir con tus amigas

Cuando se habla de espacio ellos son los primeros que saltan la defensa de una noche de cartas o fútbol para hombres. Ellos están dispuestos a luchar por sus derechos de individuo, por su libertad, casi como un símbolo de masculinidad. Nosotras en cambio les hacemos creer que son lo peor del mudo por dejarnos solas, mientras disfrutamos más que ellos esas noches de copas con las amigas.

5. Un pasado comprometedor

Por más que le tengas no se te ocurra confesar tu historial erótico, ni nombres, ni número, ni año. Deja el pasado atrás y las aventuras resérvalas para esos momentos en los que puedes darle rienda suelta a tu memoria.

6. Te aterra envejecer

Si, te dan pánico las arrugas, la celulitis, los gordos y las canas y por eso vas al gimnasio. En realidad no eres una víctima de la belleza, ni de las cirugías estéticas, lo que gustaría es poderte hacer todos los tratamientos estéticos que existan el mundo para que, aunque pasen 50 años, él te siga viendo hermosa.

7. No le temes a la soledad

Aunque cuando él se va de viaje y te llama, tú le dices que lo extrañas demasiado, realmente adoras ese tiempo libre para estar a solas, salir de compras, almorzar comida chatarra, dormir hasta tarde, no arreglar la casa, hacerte las uñas, alquilar la película más rosa, leer el libro o la revista que empezaste hace tres años, verte con tus amigas, hablar horas por teléfono con tu mamá y caminar por la calles sin atadura alguna.

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